Luego de revisar cientos de notas, imágenes, tarjetas, correos, videos, frases, listas, artículos y demás, en este mi segundo año "festejando" el día de las madres ya como una madre de tiempo completo, me vienen a la cabeza dos cosas: este intento de blog no despega porque uno, no lo actualizo, y dos, porque no hay una entrada que diga quién chingados soy y porqué me ha dado por hablar de maternidad. Lo primero es cuestión de tiempo y disciplina, cosas que nunca se me han dado pero me estoy obligando a ejercitar. Lo segundo lo resuelvo en pocas palabras, porque tampoco quiero que se aburran, y porque el pequeño dictador que parí en 2012 no me da tiempo de mucha elaboración: soy una escritora de casi cuarenta años que optó por tener un hijo de manera responsable y ahora se da de golpes en la cabeza porque ha descubierto que no importa cuánto haya esperado, trabajado, ahorrado, reventado, viajado, estudiado, conformado una relación de pareja sólida, mantener con vida a un mamífero durante cinco años, leído sobre el tema, etc., tener un hijo es una reverenda chinga física, mental, emocional, financiera y social. Es muy bonito, pero es una chinga. Y me parece muy ojete que en esta sociedad latina (y por ende, super católica, hipócrita y acomplejada) nadie lo diga y se dediquen a fomentar el romántico idilio mercadológico madre-hijo con tanta pinche desinformación, estrellitas, nubecitas, ositos, listoncitos y fotitos de mamitas sin ojeritas y con la ropita blanquita y limpiecita sin vomititos y bebitos dormiditos sin olorcitos a popis. Y lo diré a riesgo de parecer justo lo que muchas (o sea tres de las cinco que lleguen a leerme) sé que pensarán: que soy un monstruo que no merece ser madre. ¿Y saben qué? Me tiene sin cuidado. Vengan las pedradas para esta mujer que de no ser por el infinito amor que le tiene a su engendro, no soportaría la reverenda chinga que ha sido y será ser su mamá.
lunes, 12 de mayo de 2014
Nota post-día de la madre.
Luego de revisar cientos de notas, imágenes, tarjetas, correos, videos, frases, listas, artículos y demás, en este mi segundo año "festejando" el día de las madres ya como una madre de tiempo completo, me vienen a la cabeza dos cosas: este intento de blog no despega porque uno, no lo actualizo, y dos, porque no hay una entrada que diga quién chingados soy y porqué me ha dado por hablar de maternidad. Lo primero es cuestión de tiempo y disciplina, cosas que nunca se me han dado pero me estoy obligando a ejercitar. Lo segundo lo resuelvo en pocas palabras, porque tampoco quiero que se aburran, y porque el pequeño dictador que parí en 2012 no me da tiempo de mucha elaboración: soy una escritora de casi cuarenta años que optó por tener un hijo de manera responsable y ahora se da de golpes en la cabeza porque ha descubierto que no importa cuánto haya esperado, trabajado, ahorrado, reventado, viajado, estudiado, conformado una relación de pareja sólida, mantener con vida a un mamífero durante cinco años, leído sobre el tema, etc., tener un hijo es una reverenda chinga física, mental, emocional, financiera y social. Es muy bonito, pero es una chinga. Y me parece muy ojete que en esta sociedad latina (y por ende, super católica, hipócrita y acomplejada) nadie lo diga y se dediquen a fomentar el romántico idilio mercadológico madre-hijo con tanta pinche desinformación, estrellitas, nubecitas, ositos, listoncitos y fotitos de mamitas sin ojeritas y con la ropita blanquita y limpiecita sin vomititos y bebitos dormiditos sin olorcitos a popis. Y lo diré a riesgo de parecer justo lo que muchas (o sea tres de las cinco que lleguen a leerme) sé que pensarán: que soy un monstruo que no merece ser madre. ¿Y saben qué? Me tiene sin cuidado. Vengan las pedradas para esta mujer que de no ser por el infinito amor que le tiene a su engendro, no soportaría la reverenda chinga que ha sido y será ser su mamá.
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