miércoles, 18 de junio de 2014

#relajamesta


"Ay, ya relájate." En dos años y algunos meses después de la llegada de Jansolo, es la frase que más he escuchado en mi pinche vida. Si me pagaran cada vez que la escucho, estaría viendo el mundial desde un palco de lujo en el Maracaná. No sé si hay por ahí un manual secreto de "cómo joder a una madre que no es la tuya" o a qué pinche secta anti madres  se unieron pero de verdad en nombre de todas las madres: dejen de sugerir que nos relajemos. Porque si algo es cierto es que no nos "estresamos" por hobby. Aunque parezca una simpleza, el hecho de que nuestra vida ahora sea dominada por pañales, pomada de nalgas, chupones, vasos entrenadores, colores primarios y personajes con voces lelas no implica que andamos por ahí flotando entre nubes de algodón color verde pastel y mirada de gratificación marihuanesca. No. La mona de toallitas húmedas no es lo suficientemente efectiva como para aligerar el efecto que crea la suma de las chingaderas de la vida diaria pre hijos con las pequeñas tragedias post engendros como que se acaben los pañales o se extravíe el chupón a la hora de la siesta. A lo mejor a la gente normal, común y pinches corriente sin hijos (o con hijos ya corridos del nido) como ustedes les parezca una simpleza nuestra vida y les aburra que nos quejamos una y otra vez de cómo esta etapa de disque realización plena como mujer (sus mamadas, baidegüei) no ha hecho más que acrecentar nuestras ojeras. Si es el caso, no nos oigan. Tan sólo asientan y finjan ponernos atención. Invítennos una cerveza, vino, lo que sea. No queremos su consejo, tan solo necesitamos desahogarnos con alguien que tenga rostro tridimensional y no huela a chicle. Ahora que si gustan de las emociones fuertes, bombardeénos soberbiamente con consejos de crianza y, sobre todo, pídannos que nos relajeeeeeemoooooooos. Así con un tontito condecendiente y mamón. La adrenalina no igualará la de diez vueltas sin descanso en el Superman de Six Flags. Van. 

jueves, 5 de junio de 2014

49



Cada que he tenido que considerar la opción de buscar una guardería para Jansolo, están ahí: no sus rostros, ni los de sus padres, pero sí ese terror de que exista la posibilidad remota de estar en sus zapatos, de estar en casa, en el trabajo, en el metro, el la calle y recibir la llamada que diga que algo terrible pasó en el lugar donde está mi hijo. Ahí, en algún rincón de mi subconsciente se quedaron esas letras y esos números antes de pensar siquiera en tener un hijo. Antes igual que ahora me parece terrible que haya sucedido y que los involucrados en mayor o menor grado sigan durmiendo plácidamente en sus masivos colchones con sábanas de chorrocientos hilos mientras que decenas de familias pasan incompletas el resto de sus noches. Lo que ahora me parece igual de lamentable es que hay por ahí miles de familias que no se sienten ni tantito identificadas, que descartan por motivos socioeconómicos que algo así les pueda suceder. Nada más alejado de la verdad. Aquel "accidente" no fue tal y mientras no se tomen cartas en el asunto, las posibilidades de que se repita aumentan. Ojalá y que todas aquellas que se escandalizaron con el video de la maestra que zarandeó a su alumno y pedían hasta la hoguera para ella fueran tan enfáticas en pedir justicia para los 49 niños que aquel día dejaron de respirar. Me encantaría que todas ustedes que defienden a ultranza su disque derecho a no vacunar a sus hijos porque leyeron en internet que "es malo", defendieran el derecho de las madres a tener una respuesta más allá de un "ups, perdón". Qué ganas de que pusieran el mismo ímpetu que tienen para pedir que a sus hijos los libren de la lactosa, el azúcar y los transgénicos, amén, lo pusieran en exigir mejores condiciones en guarderías y escuelas para que ustedes y otras madres puedan trabajar tranquilas sin estar temiendo lo peor: que esta noche sus hijos dejen de existir. ¿Es demasiado pedir? ¿No les "llama" la atención el problema porque no les atañe? ¿Hay que ponerles un video de cómo los niños se iban consumiendo para que entonces sí se escandalicen? ¿Tiene que pasar en una guardería "bien" para que sientan identificada a su familia? Ojalá no. Yo quisiera hacer algo más que escribir hoy en este blog que leen tres personas (o a lo mejor ya nomás yo), pero Jansolo es muy chico aún y pese a que tiene cinco abuelas, hay veces que ninguna esta disponible, como hoy. Así que, por esta ocasión, seré activista de sillón, o de carriola más bien, y mientras, pasaré el día con él y agradeceré tener el privilegio que tenemos de poder estar juntos y escuchar sus ronquidos mientras hace una siesta y yo escribo esto. Entre tanto, mi respeto, admiración y por quinto año, condolencias a las familias de los 49 pequeños. 

lunes, 12 de mayo de 2014

Nota post-día de la madre.



Luego de revisar cientos de notas, imágenes, tarjetas, correos, videos, frases, listas, artículos y demás, en este mi segundo año "festejando" el día de las madres ya como una madre de tiempo completo, me vienen a la cabeza dos cosas: este intento de blog no despega porque uno, no lo actualizo, y dos, porque no hay una entrada que diga quién chingados soy y porqué me ha dado por hablar de maternidad. Lo primero es cuestión de tiempo y disciplina, cosas que nunca se me han dado pero me estoy obligando a ejercitar. Lo segundo lo resuelvo en pocas palabras, porque tampoco quiero que se aburran, y porque el pequeño dictador que parí en 2012 no me da tiempo de mucha elaboración: soy una escritora de casi cuarenta años que optó por tener un hijo de manera responsable y ahora se da de golpes en la cabeza porque ha descubierto que no importa cuánto haya esperado, trabajado, ahorrado, reventado, viajado, estudiado, conformado una relación de pareja sólida, mantener con vida a un mamífero durante cinco años, leído sobre el tema, etc., tener un hijo es una reverenda chinga física, mental, emocional, financiera y social. Es muy bonito, pero es una chinga. Y me parece muy ojete que en esta sociedad latina (y por ende, super católica, hipócrita y acomplejada) nadie lo diga y se dediquen a fomentar el romántico idilio mercadológico madre-hijo con tanta pinche desinformación, estrellitas, nubecitas, ositos, listoncitos y fotitos de mamitas sin ojeritas y con la ropita blanquita y limpiecita sin vomititos y bebitos dormiditos sin olorcitos a popis. Y lo diré a riesgo de parecer justo lo que muchas (o sea tres de las cinco que lleguen a leerme) sé que pensarán: que soy un monstruo que no merece ser madre. ¿Y saben qué? Me tiene sin cuidado. Vengan las pedradas para esta mujer que de no ser por el infinito amor que le tiene a su engendro, no soportaría la reverenda chinga que ha sido y será ser su mamá.

jueves, 1 de mayo de 2014

Palomitas, café y "paz"



Si algo tiene la Ciudad de México es que es impredecible, especialmente en su clima. Esto es particularmente molesto cuando hay engendros en casa pues  una planea ir al parque, y para cuando logra convencer al chamaco ¡zaz! en la calle hay un diluvio a media primavera. Siempre he pensado que los salones de fiestas tienen ahí un nicho del cual se harían millonarios, pero parece que los dueños de esos lugares no tienen interés en forrarse (más) de lana. Afortunadamente una mamá se sacudió la flojera y nos bendijo a todas las madres clasemedieras benitojuarences con Diverticine. Adiós viajes eternos por el segundo piso hasta Kidzania, La Granjita, Piccolo Mondo y similares opciones. Diverticine llegó al rescate de esas tardes eteeeernas, con incansables miniyos que a veces se quieren arrancar la cabeza junto con nosotros y empalarla como regalo a papá. 
En lo que era el antiguo cine Pecime hay un remanso si bien no de tranquilidad, de caos controlado. Palomitas de cortesía ayudan a que los enanos rompan el hielo y se abalancen a la alberca de pelotas, disfraces, pista de carreras, pared para escalar y una pantalla de cine. Mientras tanto, la agobiada madre puede sentarse a medio adelantar trabajo, ponerse al día con amigas, llevar a los parientes a ver retozar al chamaco con un café, refresco, ensalada, pizza, pastel, lo que usted deseé (excepto alcohol, tampoco hay que ser tan aborazado). 


Pros: 
Céntrico
Limpio
Carta pequeña pero variada
Cerrado
Seguro
Disponible para eventos
Lo suficientemente amplio para no sufrir claustrofobia pero no tanto como para que pierdas de vista a tu hija/o

Contras:
De pronto hace falta que enciendan el aire acondicionado
El valet parking es muy tardado al momento de entregar el auto (esperamos 20 minutos y eso, con niños saturados de azúcar, se vuelve una eternidad en el primer círculo del infierno)

Avenida Universidad 1195 bis. Segundo piso
Bebés de brazos no pagan
Niños de 1 año: 50 pesos
Niños mayores: 100 pesos
Adultos: no pagan



Horario lunes a viernes 10 a.m. a 8 p.m. Aunque el horario puede modificarse si hay evento privado, para evitar confusiones, visitar la página o su Facebook: 

www.diverticine.com